domingo, 15 de noviembre de 2009

EL DERECHO DE UNA MUJER A ELEGIR SU CALZADO (Operación JIMMY CHOO para H&M)

Si estás leyendo esto mejor que estés cómoda, la historia es para caerse de culo.

Todas habíamos leído que la colección Jimmy Choo para H&M iba a traer cola y de hecho colas de personas para conseguirlos. Esperamos el día pero por la blogosfera se planteaba harto imposible. Habíamos leído el método de cómo conseguirlos y parecía misión imposible: necesitabas una pulsera para acceder a los zapatos!!
Pues bien, el 14 de noviembre por la mañana yo me desperté (no por despertador, si no con un golpe en la cara de mi hermana) y pensé "8 am. ¿Me lo voy a perder?". Así que me levanté, me vestí y fui al centro, previa parada en mi starbucks habitual, con la intención de hacer recorrido a ver qué se cocía, periodismo de investigación.

1ª parada: Paseo de gracia. Hice repaso de la cola y dije "Aquí hay más de 160 personas...".
2ª parada: Portal del ángel (Mariscal). Mmm... veo la cola del de abajo, pero mis cálculos matemáticos me dicen que no hay 160... Aquí me quedo.

Y así fue. Saqué mi libro y esperé y esperé (la imagen no tiene desperdicio, starbucks latte, rayban, camisa de mi abuelo y Ulises de Joyce en las manos).

Tocó el turno de nuestro lado de la cola y cómo mientras nos ponían una pulsera de color (diferente a las de los demás) nos explicaron el funcionamiento:

160 personas en 8 grupos de 20. Cada grupo con una pulsera de un color que te daba acceso a la zona reestringida de zapatos y bolsos (no ropa) durante solamente 10 minutos, en los cuales podías comprar una sola cosa de cada. Obviamente aunque había género cuanto más tardases menos cosas quedarían... Mi grupo el rosa, el 7º de 8, entraba a las 11.45. Todavía faltaban dos horas.
La cola crecía por momentos y muchos fueron los que se quedaron esperando porque aunque no tuvieran pulsera querían hacer cola fuera de la sección prohibida para, si había suerte, conformarse con los restos una vez abierta al público normal (aka sin pulserita)

Esperé y expliqué a mi alrededor como 5 veces el funcionamiento porque la gente parecía no captarlo. Entré igualmente a las 10 en punto porque el momento fue emocionante: cuenta atrás, nervios, aplausos y todo el staff de la tienda dándonos la bienvenida.

Entré bajo el ritmo de I want you back de los Jackson5, clara señal positiva ya que es una canción icono en mi piso. Vi una mula con un modelo de vestido, estiré el brazo, alcancé a coger uno y zas... a mi alrededor en cuestión de segundos ya no quedaba NADA. Me quedé en la mano con un vestido de la 38 que, qué demonios, me fui a embutir (no tengo la 38, como ha quedado claro en el post anterior). Cuando salí del probador no me dio tiempo ni a dejarlo, me lo sacaron de las manos. 15 minutos después toda la ropa (no merecedora de semejante revuelo) había volado.

Me fui a tomar un chai tea latte esperando a mi hora. Volví a H&M a las 11.15 y de entre los sin pulsera un chico bajito con carpetilla y la suficiente pluma esperada de un puesto similar me llevó junto a los de mi grupo, los rosas. Aún faltaban por entrar los azules y después de mí irían los blancos. Si tras eso sobrevivía algo, estaría en manos de esa fila de gente que se enseñaba sus logros unos a otros "100 este vestido, 60 estos leggins..." aunque TODOS sabíamos, allí de pie, que tras esa pared estaba el plato fuerte, los ZAPATOS.

No sé si los veís, pero ahí, al fondo, ví ante mis ojos desaparecer el último par de sandalias rojas por las que había llorado aquí mismo dos meses atrás. Positiva me concentré en las botas grises (santo de mi devoción también nombradas aquí) y G. me recordó que también unas sandalias negras con tachuelas habían entrado en mi corazoncillo, así que con el corazón comenzando a latir rápido, y comprobando que poco quedaba al ver a los empleados poner lo que quedaba en una sola sala y cerrar la contigua, llegó mi turno.Entré, la imagen era desoladora! Una montaña del mismo modelo de bolso, cuatro pares de zapatos de hombre llenos de strass horribles, cinturones y un par de cajas con zapatos. Me avalancé sobre la mesa y allí encima vi las sandalias iguales a las rojas pero en negro, talla 36. Fuera. Unas negras de tiras sin plataforma que no me parecían demasiado, talla 38. Fuera. Un chico a mi lado se alzó con las negras y azules atadas al tobillo y a su lado las vi. Las botas. Las cogí a toda velocidad, las giré... BINGO!! 40 (tengo el 39, pero en botas eso no se nota si son un pelín más grandes). Incapaz de creer mi suerte me hice con su correspondiente caja y dí la vuelta a la mesa. No quedaban más pares más que unas bailarinas, aunque... espera... ¿Qué era esa sandalia negra sola, dejada a su suerte sobre la mesa? Definitivamente era la que minutos antes G. me había recordado y lentamente giré para comprobar talla.... 39. No podía ser... ¿Estaba teniendo tanta suerte? Pero, espera... ¿Dónde estaba el izquierdo? Tenía el derecho, ¿Y el izquierdo???

Rápida y veloz me senté, me probé las botas. Perfecto, no muy grandes, no se notaba la talla de más. Rápida también me probé ese codiciado derecho... Perfecto. Bien, ¿quién de esas 19 personas restantes tenía en sus manos mi otro par? No me costó reconocerla... Ella y su novio buscaban como descosidos encima y debajo de la mesa, entre las cajas y hasta dentro de ellas... El momento se planteaba dificil: guerra de gatas. Yo estaba dispuesta a luchar debido al subidón de adrenalina, las pulsaciones a 180 y las pupilas dilatadas de manera brutal (cosa que sucede cada vez que voy de compras, imaginaos... zapatos... Jimmy Choo).

Diplomáticamente me acerqué a una dependienta. "Disculpa, ¿qué hago si yo tengo un par... y esa chica tiene el otro?". Cara de póker. Calmémonos y vayamos a ver. Debió ser el temor o la desilusión que mi oponente se dejó vencer por la carta de la dependienta y apoyó el zapato sobre la mesa. Había ganado. 3segundos después otra mujer ya lo tenía en sus manos pero la dependienta lo reclamó, me lo entregó, buscó su caja a medida y tras entre las dos poner mis dos pares a buen recaudo me miró y dijo "Ni se te ocurra dejar fuera de tu vista estas cajas más de un segundo o desaparecerán".

Eché un ojo a la decepcionada chica y su novio. ¿Sentí pena? Mentiría si dijese que sí. ¡¡Ella tenía un novio que había hecho cola desde las 8 para ir a comprar zapatos con ella!!! Yo me merecía los Jimmies! Yo, que no tengo semejante estampa en mi vida.

Había tenido la mayor suerte del mundo y todavía no me lo creía. No quedaban zapatos. Ni uno. El grupo blanco iba a tener que conformarse con cinturones, dos bolsos y cuatro pañuelos... pero yo tenía en mis manos dos pares de Jimmy Choo y una Visa Gasol dispuesta a permitir que viniesen a casa conmigo.
Los pagué, me dieron mi bolsa y caminé por Barcelona con ella colgada, cruzándome con decenas de bolsas gemelas, sonriéndome cómplices, preguntándome si en ellas estaban zapatos como los míos.

Ya en casa no he podido ni probármelos por miedo a estropearlos. Su suave tacto, su olor a piel pura... la mejor colección de diseñador que H&M ha sacado nunca. Tanto en la presentación (cajas, bolsas, papel...) como en la calidad del zapato, que perfectamente un poco más arriba en paseo de gracia podría encontrarme por 600€ mínimo. Y aquí estoy. FELIZ. Tengo Jimmies. DOS. (No tendré regalos de reyes porque mis padres me ayudarán a acabar el mes, obviamente estoy en bancarrota y no sé cómo pagaré el piso en enero, así que ayuda por piso equivale a zapatos por reyes, taráaaa!!)

¿He dicho ya que tengo DOS Jimmies y son la cosa más bonita y cómoda del mundo?

L.

(la mujer feliz que tiene dos Jimmies...)

3 comentarios:

  1. Esto es como una peli... creo que jamás sería una de las que salen en las fotos, jajaja... menudo taconazo guapa!
    Amira

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  2. F-L-I-P-A-S xD jajajaj qué suerte has tenido!!!

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  3. Pero que lindooo!!! Te felicito por la compra, esos botines son mi sueñooo, para mi son lo más lindo de Jimmy Choo!
    Entre a tu blog con la intención de intercambiar enlaces pero no encuentro un correo para escribirte, si te interesa te dejo mi mail:
    brisaluli@gmail.com
    Besos XD

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